A pesar del visto bueno de ambos bloques, el entendimiento comercial seguirá en escenario de fuerte debate, debido a las protestas – con Francia a la cabeza – del sector agropecuario europeo.
La decisión despeja uno de los principales obstáculos para la ratificación del entendimiento político alcanzado hace poco más de un año entre la Comisión Europea y Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con el objetivo de conformar la mayor zona de libre comercio del mundo, con más de 720 millones de consumidores potenciales.
Con ese escenario despejado, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quedó habilitada para firmar el acuerdo con los países del Mercosur. La rúbrica, que inicialmente se esperaba para el 20 de diciembre durante la cumbre del bloque sudamericano en Foz do Iguazú, había sido postergada por la resistencia francesa, que logró sumar a Italia a sus objeciones. Ahora, la firma está prevista para el sábado 17 de enero en Asunción.
Las primeras reacciones al acuerdo
Tras confirmar la noticia, Von der Leyen calificó la decisión como “histórica” y sostuvo que “Europa está enviando una señal fuerte”. En esa línea, remarcó que “con el Mercosur estamos creando un mercado compartido de 700 millones de personas”.
Desde Madrid, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, celebró con un contundente “AL FIN” en redes sociales y afirmó que, tras la firma, “las empresas españolas podrán entrar a nuevos mercados, exportar más, y generar más empleos”. Además, marcó una diferencia implícita con la política comercial de Estados Unidos: “En el mundo de hoy, no todo son aranceles, amenazas y malas noticias. Algunos tendemos nuevos puentes”.
El canciller alemán, Friedrich Merz, definió el acuerdo como un “hito en la política comercial europea y una clara señal de nuestra soberanía estratégica y capacidad de acción”, aunque advirtió que el proceso fue excesivamente largo. “25 años de negociaciones fueron demasiado tiempo”, resumió.
En Francia, en cambio, el aval al acuerdo profundizó la tensión política interna. Tanto la izquierda como la derecha endurecieron sus críticas al gobierno de Macron. Francia Insumisa (LFI) presentó una moción de censura, mientras que la Agrupación Nacional (RN), liderada por Jordan Bardella, anunció acciones contra el presidente francés y contra la jefa de la Comisión Europea en Bruselas.
Desde Sudamérica, el presidente Javier Milei calificó la decisión como una “buena noticia”. El ministro de Economía, Luis Caputo, también se sumó a las celebraciones y definió el entendimiento como “un acuerdo histórico” y explicó que “Nivelará a la Argentina frente a otros países que actualmente gozan preferencias con el bloque europeo». En ese marco, destacó que el tratado aportará “reglas claras que brindarán previsibilidad y transparencia regulatoria” y facilitará la integración de las pymes a las cadenas globales de valor.
Desde brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva definió el entendimiento como “un día histórico para el multilateralismo” y subrayó que, en un contexto de creciente proteccionismo, el acuerdo “señala el apoyo al comercio internacional como motor del crecimiento económico”.
También se expresó el presidente paraguayo Santiago Peña desde Asunción, ciudad que presenciará la firma del tan ansiado pacto. El mandatario afirmó que se “marca el inicio de una nueva etapa para nuestra región” y resaltó que abre un mercado de más de 450 millones de consumidores, impulsa inversiones, transferencia tecnológica y reglas previsibles para el comercio.
Acuerdo Mercosur-UE: cómo será la ratificación y qué falta para que entre en vigencia
Con la aprobación política en el Consejo Europeo, el proceso de ratificación ingresó en su tramo decisivo. El 17 de enero, autoridades europeas viajarán a Asunción para firmar formalmente el tratado junto a representantes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
La firma no implica una aplicación inmediata. Ahora, el trámite avanzará por dos vías paralelas: el tratamiento en el Parlamento Europeo y los procesos de ratificación interna en cada país del Mercosur, de acuerdo con sus marcos constitucionales.
Una vez cumplidas las instancias europeas, el acuerdo podría comenzar a aplicarse con aquellos países del Mercosur que ya lo hayan ratificado, incluso si el proceso no está cerrado en la totalidad de los Estados parte.
Según estimaciones de fuentes europeas, si no surgen nuevos obstáculos políticos o legislativos, la aplicación inicial podría darse hacia finales de 2026. En el Parlamento Europeo, la aprobación requiere mayoría simple. Aunque Francia y otros países mantienen su rechazo, el número de eurodiputados contrarios no parecería suficiente para bloquearlo.
De todos modos, para la entrada en vigor plena del acuerdo global —que incluye capítulos no comerciales— será necesaria la ratificación de los parlamentos nacionales de los 27 Estados miembros de la UE. Ese tramo podría extenderse hasta fines de 2026 o más allá.
El tratado es considerado “mixto”: la parte comercial, de competencia exclusiva de la UE, puede avanzar con la aprobación del Consejo y el Parlamento Europeo; en cambio, los capítulos vinculados a medio ambiente, inversiones y propiedad intelectual requieren aval nacional, ya que involucran competencias de los Estados miembros.
Qué implica el acuerdo comercial entre UE y el Mercosur
En términos económicos, el acuerdo destaca por su escala. Una vez implementado, abarcará a 722 millones de habitantes y representará un PBI conjunto de u$s22 billones, lo que lo convertiría en el mayor acuerdo comercial del mundo.
Datos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Estados Unidos indican que el comercio bilateral actual entre la UE y el Mercosur asciende a 88.000 millones de euros anuales en bienes y 34.000 millones de euros en servicios. Con la consolidación de la zona de libre comercio, esos flujos podrían representar cerca del 20% del PBI mundial.
El núcleo del entendimiento es la reducción gradual de barreras arancelarias y la creación de un mercado con reglas de origen claras, para que los beneficios queden dentro de ambos bloques. El texto también establece un marco regulatorio amplio que abarca servicios, propiedad intelectual, compras públicas, comercio sostenible, empresas estatales y mecanismos de solución de controversias, un punto clave para la previsibilidad de largo plazo.
El acuerdo prevé la eliminación de aranceles sobre el 90% del comercio bilateral, con plazos de desgravación más largos que en otros tratados firmados por la UE. Para el Mercosur, el impacto se concentraría en un mayor impulso a las exportaciones agroindustriales, energéticas y mineras. Para Europa, el objetivo es asegurar abastecimiento de alimentos, energía y minerales críticos, además de facilitar el ingreso de su producción industrial a Sudamérica y reforzar su posición frente a Estados Unidos y China.
Estimaciones de fuentes europeas señalan que la UE podría sumar cerca de u$s10.000 millones anuales en exportaciones adicionales, mientras que las ventas europeas crecerían en casi u$s60.000 millones.
Fuente: Ámbito