“Estamos trabajando muy de cerca con las autoridades argentinas para elaborar un programa que ayude a la gente de la Argentina” sostuvo la economista Gita Gopinath, ante una pregunta de Ámbito
referida a la marcha de las negociaciones entre el país y el Fondo
Monetario Internacional, en el marco de la conferencia de prensa que
ofreciera desde Washington. En este sentido, remarco que dicho programa
debe ser “sea sólido y creíble” para que pueda abordar los desequilibrios que tiene el país.
Una buena noticia para la Argentina fue que en la última actualización del informe Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, según las siglas en inglés), dado a conocer este martes en Washington, prevé que el PBI crecerá 3% en el año en curso y 2,5% en 2023. Es una mejora de 0,5% tanto para 2022 como para 2023, con relación a las estimaciones del WEO de octubre 2021. El 3% se acerca más a lo proyectado el proyecto de presupuesto donde se consignó un crecimiento del 4%.
En tanto, el FMI estima que el crecimiento mundial se modere este año, pasando de casi 6% en 2021, a 4,4%.
“El crecimiento se desacelera a medida que las economías lidian con interrupciones en el suministro, mayor inflación, deuda récord e incertidumbre persistente”, aseveró la economista Gita Gopinath, subdirectora general del organismo. “La economía global ingresa a 2022 en una posición más débil que la esperada anteriormente”, sostiene el FMI.
Es de suponer que este diagnóstico lo tiene en cuenta el staff en las negociaciones con el equipo que preside Martin Guzmán, ya que, como reconoció, Gita “entendemos que la situación socioeconómica es desafiante, por eso estamos adoptando un enfoque flexible y pragmático” señaló la economista, haciendo referencia a la vocación del Fondo por llegar a un entendimiento. Y, al respecto agregó: “esperamos progresar aún más en los próximos días” en referencia a las negociaciones.
Lo cierto es que Ámbito pudo saber que hubo intensas conversaciones virtuales durante todo el fin de semana entre el staff y el equipo de Martin Guzmán.
“La
diferencia que tenemos con el FMI es la velocidad de consolidación
fiscal y las combinaciones entre gastos e ingresos. No queremos
penalizar la demanda cuando la economía se está recuperando”, dijo
Guzmán al diario Le Figaro. El ministro argumenta además que se vino
reduciendo el déficit primario que (excluyendo pagos de intereses de la
deuda) fue de 6,4% del PIB en 2020 al 3% del PIB en 2021. En principio, el Fondo pediría un déficit primario de 2,5% del PBI, contra el 3,3% para este año.
De
acuerdo a estimaciones privados, hubo casi 2 puntos de ingresos
extraordinarios – 0,6% de impuesto a la riqueza, 0,9% de los DEGs
otorgados por el FMI y 0,4% por el aumento de las retenciones gracias a
la suba de las exportaciones agropecuarias. Según cálculos que se
manejan en el exterior, Argentina este año tendrán menores ingresos por
el sector agropecuario (se estiman casi 8 mil millones de dólares menos)
y mayores egresos de divisas (entre 3.000 y 4.000 millones) por
importación de energía.
“El año que viene será muy difícil que el
gobierno pueda financiar el déficit que estima para este año”, comentan
analistas en Estados Unidos. “Lo cual el ajuste será mucho mayor al
proyectado”. Por esta razón, es que el gobierno argentino se mantiene
firme en que el “ajuste” no frene el crecimiento en un mundo que, como
admiten el propio FMI, será desafiante.
Cabe recordar que esta
semana Argentina debe enfrentar un pago de superior a los 700 millones
de dólares. El endurecimiento del discurso oficial en contra del Fondo
género en los mercados el temor que este pago no se realice. Sin
embargo, analistas internacionales estiman que finalmente Argentina
cumplirá con esta obligación dado que esta “en medio de las negociaciones”, tal cual lo ratificó Gita.
Complicaciones
“A
medida que la política monetaria se endurezca más ampliamente este año,
las economías deberán adaptarse a un entorno global de tasas de interés
más altas”, señalo Ginopath. Y, en este sentido, advierte que “las
economías de mercados emergentes y en desarrollo con grandes necesidades
de endeudamiento en moneda extranjera y financiamiento externo deben
prepararse para posibles turbulencias en los mercados financieros
extendiendo los vencimientos de la deuda tanto como sea posible y
conteniendo los descalces de moneda”.
El trabajo que el 60% de los países de bajos ingresos ya se encuentran en situación de sobreendeudamiento y “tendrán cada vez más dificultades para pagar el servicio de sus deudas”.
En
este sentido, recomienda que “el Marco Común del G20 debe renovarse
para cumplir más rápidamente con la reestructuración de la deuda, y los
acreedores del G20”.
Ante un mundo que enfrentará un “espacio
fiscal más limitado que antes de la pandemia y aumento de la inflación”,
el Fondo sugiere que “una cooperación internacional audaz y eficaz será pues imprescindible”.
En tanto, las recomendaciones para los países son seis: política
políticas en materia de salud, política monetaria; preparación para
condiciones financieras externas más estrictas, política fiscal;
reformas estructurales y políticas climáticas.
El
propio organismo reconoce en el capítulo “Preparación para condiciones
financieras externas más estrictas” que “acuerdos de préstamo del FMI
(cautelares o desembolso) puede ser un respaldo importante para suavizar
el impacto de los shocks. Pero para países con grandes
necesidades de financiación y una deuda insostenible, el alivio de la
liquidez puede no ser suficiente.”. Si bien no lo menciona se aplicaría a la Argentina que se encuentra renegociando su deuda.
Para estos casos, pide la “rápida puesta en funcionamiento del Marco Común del G20 para el tratamiento de la deuda” al tiempo que admite que “el progreso en esta materia ha sido demasiado lento” y reclama “mejoras urgentes”.
Fuente: Ambito