Los resultados negativos del súper domingo electoral, sumado a los conflictos en varias provincias, abren un escenario complejo al peronismo

Las señales que emanan de las discusiones internas del peronismo y de sus performance electorales, no son buenas. La unidad o la división en cada provincia no tiene argumentos lineales. Cada provincia es un mundo, cada partido local tiene una disputa viva.
Las derrotas que sufrió el espacio político en Jujuy, Salta, Chaco y San Luis pintaron un cuadro de complejidades. Una imagen de las consecuencias del internismo, la falta de renovación política y la incapacidad de sellar acuerdos frente a la posibilidad de que tome volumen una ola violeta que se desparrame por todo el país.
En el norte del país, una parte importante de la dirigencia peronista está enfurecida con Cristina Kirchner, a la que acusan de haber complotado contra el peronismo al intervenir algunos PJ locales. El PJ de Jujuy fue intervenido durante la gestión de Alberto Fernández, mientras que el de Salta se intervino por pedido de la ex presidenta.
“Se comieron la curva. No se dieron cuenta de que estaban interviniendo el partido dos meses antes de la elección. Si lo querían hacer, tendrían que haber esperado a que pasen”, reflexionó un funcionario muy cercano al gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, que estaba enojado por la influencia de la división del peronismo en el resultado electoral.
Fuente: INFOBAE
